Pensamientos en voz alta

Título del trabajo: Pensamientos en voz alta.

Autora: MÁRQUEZ, Gabriela.

Institución: Escuela de Educación Especial Nº 9, D.E. 6º.

 

Resumen: El presente trabajo revela los sentimientos que pueden inundar a las docentes en diferentes momentos del abordaje temprano, en este caso frente a la noticia del egreso de un alumno. Se puede establecer un paralelo en el camino de la dependencia hacia la independencia tanto en el infante como en su madre durante el transcurso de dicho abordaje y su finalización debe ser elaborada también por la docente.

 

 

Hace unos días, cuando nos llegó la propuesta para participar de esta Semana de la Educación Especial presentando una Experiencia Pedagógica, nuestro equipo recibía  la noticia del  inminente egreso, por decisión materna, de uno de nuestros alumnos, despertando en nosotras sentimientos y pensamientos que yo quise compartir hoy con ustedes.

Esta no pretende ser una presentación acabada y perfecta. Es sólo una ventana abierta a la reflexión conjunta, es un pensar en voz alta. Bien podría ser un registro de una Reunión de Equipo. Pero hoy quería poner en palabras los sentimientos encontrados que sólo pueden ser comprendidos y contenidos por el equipo interdisciplinario al cual pertenecemos. Pido disculpas por los agujeros o baches que seguro encontrarán en cuanto al sustento teórico pero estoy segura que muchas de ustedes se encontrarán reflejadas en estas palabras.

Voy a hacer una rápida presentación del caso para poder luego pasar a la reflexión. En el año 2008 ingresa un niño, al cual llamaremos N, derivado por una colega que, más allá del requerimiento real del niño de un abordaje temprano, advirtió en la madre, una necesidad de contención y sostén para ejercer la función materna.

N ingresó con 9 meses de edad y con diagnóstico de encefalopatía neonatal, parálisis facial periférica e hipoacusia bilateral severa (fue equipado el año pasado).

El grupo familiar conviviente está compuesto por la madre, el padre y un hermano adolescente hijo de la señora. No hay familia extendida, ya que los integrantes de la pareja han migrado de sus lugares de origen, ni grupo social que los contenga. El padre es muy inmaduro, ejerce su función de proveedor dejando los cuidados y crianza de su hijo a cargo de la madre.

Lo real se nos imponía en ese cuerpo sufriente, en ese aparato biológico con múltiples limitaciones, que se aspiraba con los líquidos, que no lograba asegurarse mínimamente la supervivencia ya que en decúbito ventral no podía liberar sus fosas nasales para respirar, no sostenía la cabeza, no rolaba. Teniendo en cuenta todo esto, el pronóstico no era muy alentador. Pero a medida que lo fuimos conociendo encontramos en N una actitud expectante y de curiosidad por el mundo que se le ofrecía: fue su  intención exploradora y comunicativa lo que nos hizo pensar en que contaba con una gran capacidad para superar los obstáculos. N es un niño con una expresividad gestual y mímica muy comprometida por su patología motora pero que se comunica eficientemente con la mirada y los sonidos que emite. Es  sumamente demandante, mejor dicho, era demandante, ahora busca proveerse de aquello que desea y sale en busca de lo que el mundo tiene para ofrecerle. Y cuando digo demandante hablo de reclamar atención constante, tenía que estar pegado cuerpo a cuerpo con la madre, no podía dirigir su mirada más allá de ella y lo que ella le presentaba o habilitaba a ver.

Esta dependencia absoluta manifestada por N  no era sostenida adecuadamente por la  madre. Al principio apareció como excesivamente preocupada por las dificultades de su hijo, por lo extraño, por todo lo que lo hacía ajeno y desconocido, si ponía el ojo para acá o para allá, si dejaba la cabeza siempre para un costado (mantuvo reflejo tónico cervical asimétrico por mucho tiempo pero construyó nociones espaciales y de permanencia de objeto que lo hacían buscarlo con los ojos pero esto no era así interpretado por la madre), si hacía ese u otro ruido sin poder decodificar lo que N quería decir. Así se sucedieron incontables visitas a la guardia o al médico de cabecera o los pedidos por más clases, más tiempo. Pero ella, la madre, no estaba disponible para jugar con su hijo, no le sostenía la mirada ni el diálogo que N iniciaba, incluso tenía muchas dificultades en la manipulación de ese cuerpo que se resistía a amoldarse al de ella.

Era evidente que la preocupación materna primaria  no fluía de la manera que N necesitaba. Sobre esto tuvimos que trabajar, y mucho.

Luego, el interés personal de la madre pasó repentinamente de la preocupación por su hijo a la preocupación por su relación de pareja, y así, de un día para el otro, me vi tomada por la demanda de escucha. Escucha que fue atendida pero al mismo tiempo intervenida para señalar los incansables esfuerzos de N por lograr la atención materna. En estas circunstancias, las necesidades de N debían ser puestas nuevamente en relieve.

Este año, con 3 años cumplidos en julio, N se integró sin ninguna dificultad en un Grupito de Socialización al cual asiste 2 veces por semana, también recibe estimulación auditiva y del lenguaje, 1 vez por semana, y 2 veces psicomotricidad. Incorporó las rutinas sociales, puede anticipar acontecimientos cotidianos, se relaciona afectivamente con sus pares y docentes, manifiesta sus emociones, se interesa activamente por el mundo circundante, se desplaza en cuadrupedia baja o camina tomado de las manos, disfruta juegos simbólicos y de construcción pero sobre todo le gustan las actividades donde ponga en juego las habilidades motoras.

En pleno despliegue de sus potencialidades tanto en lo motor como en lo intelectual, cuando estamos pensando su escolaridad futura en un jardín de infantes común con asistente celador, la madre resuelve anotarlo en una institución de educación especial privada con jornada completa.

No podemos desconocer que la situación familiar se modificó, la mamá salió a trabajar todo el día, el papá abandonó el hogar y N queda casi todo el tiempo al cuidado de su hermano adolescente. Es evidente que la preocupación de la madre se dirige hacia otras personas o sucesos y eso puede llevarla a buscar soluciones sorpresivas pensando que N no entiende o sin tener en cuenta su realidad.

Sin ponernos a analizar ahora lo que motivó a la madre a tomar esta decisión, o qué fue lo que se movilizó en esta estructura familiar, lo que aquí traigo es lo que me sucedió a mí como docente y a mis compañeras de equipo ante la noticia.

Todos hemos leído en algún momento de nuestra formación sobre sostén de la función materna, transferencia, contratransferencia, etc., pero qué importante y necesario se hace contar con un espacio y tiempo para trabajarlo en el equipo.

Los que están hoy acá saben de qué hablo: esto que no es una práctica escolar habitual y que nos diferencia de otros abordajes pedagógicos.

Porque si la Educación Especial camina en la cornisa entre lo pedagógico y lo terapéutico,  la Atención Temprana…..camina sobre la cuerda floja.

Entonces, ¿qué me pasó a mí cuando la madre de N me dijo que iba a cambiarlo a una escuela de jornada completa?

Paso a enumerar algunos pensamientos:

  • Qué ingrata, después de todo lo que hicimos por ella
  • Cómo me lo va a sacar ahora que está tan bien
  • ¿Desde cuándo toma las decisiones sola si antes me llamaba para todo?
  • ¿Será la escuela adecuada para N?
  • Bueno, que me de un tiempito para despedirme, hacer un cierre con N y sus compañeritos del grupito

Y recordé ese texto de Winnicott (1963) que habla del  crecimiento emocional de los niños de “la dependencia absoluta hacia la independencia”. Conversándolo con mis compañeras concluimos que los padres también recorren un camino similar.

En el caso de N, la madre, al momento del ingreso, se hallaba en un estado de suma dependencia: preguntaba por cada cosa que hacía su hijo, cómo prepararle la comida, etc.  Pero de a poco fuimos señalándole cómo su hijo le mostraba lo que le gustaba y lo que no, o en qué posición comía mejor. Así, de a poco, fuimos también frustrándola: no  la atendíamos si no tenía turno,  no se la acompañaba a realizar trámites cuando veíamos que iba a poder hacerlos sola, etc.

En ésta, como en cualquier circunstancia, el equipo de Atención Temprana debe estar preparado para ayudar a la madre a encontrar un lugar para ese hijo y devolverle a ella su lugar de madre.

Así como las madres reemprenden su propia vida, en el mejor de los casos, simultáneamente con el crecimiento de sus hijos, nosotras fuimos corriéndonos del rol de sostén de la función materna cuando lo creímos oportuno, logrando una desadaptación gradual, como lo hacemos con todos los niños y sus familias.

Es así que llega el momento en que, tanto los chicos como las madres, pueden afrontar el desprendimiento, lograr que el niño trabaje solito con la maestra y luego se incorpore a un pequeño grupito de socialización.

Cuando todo esto ocurre, vamos preparando el egreso, el cierre de la etapa de Gabinete Materno para empezar a pensar en un Jardín de Infantes, porque ese que tenemos ahí adelante ya no es un bebé sino un nene.

Es frecuente encontrarnos con padres que, ante un nuevo desafío como puede ser un cambio en la escolaridad de sus hijos, retornan a la primera docente, la especialista en Atención Temprana, que los acompañó y sostuvo en aquel primer momento dejando la huella de la experiencia satisfactoriamente superada.

Pero nosotras, las docentes, también debemos tramitar el egreso,  reconocer que ese bebé ya es un niño y que los padres pudieron apropiarse del lugar de ser quienes más saben de ese niño, haciéndose cargo de ello.

Y ¿qué ocurre cuando esto, el egreso, ocurre imprevista y prematuramente? Nos quedamos con un vacío que se llenará de “ideas y sentimientos que, como dice Winnicott (1963), acuden a la mente pero deberán ser sometidos a un minucioso examen y selección antes de proceder a la interpretación”.

En eso estamos. Tendrán que esperar a la jornada del año próximo para ver cómo se resuelve.

 

Referencias Bibliográficas

WINNICOTT, D. W. (1965): De la dependencia a la independencia en el desarrollo del individuo. Conferencia dada en la Atlanta Psychiatric Clinic, octubre de 1963. En El proceso de maduración en el niño. Estudios para una teoría del desarrollo emocional. Barcelona. Editorial Laia.

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