Un lugar

Título del trabajo: Un lugar para un hacer propio.

Autoras: BALLESTEROS, Juliana Mabel; BORGHI, Nora Judith; ESTEVE VICIANO, Claudia Elena; GOROSITO LAVAYSSE, María Magdalena.

Institución: Escuela de Educación Especial y Formación Laboral Nº 18, D.E. 14º.

Resumen: Los “Talleres para adolescentes con trastornos emocionales severos” comienzan a funcionar a mediados de 1998 en la sede del Centes 2, turno vespertino.

Trabajamos con jóvenes que presentan graves dificultades en la estructuración de su subjetividad. El proceso de admisión se realiza en encuentros, con otros, en un hacer conjunto, con el objetivo de poder establecer un recorrido propio, subjetivo, que pueda ubicar a nuestro centro como un lugar posible u orientar hacia otra institución que pueda alojar esa singularidad.

Nuestro centro promueve la participación en un cierto número de actividades, dentro y fuera de la institución, en situaciones en donde los sujetos estén en contacto, en la medida de lo posible con las ventajas pero también con las obligaciones de la vida social.

El dispositivo de taller es regulador, ordenador espacio- tiempo; son espacios colectivos que ofrecen la posibilidad de intercambio. El lazo social que estos jóvenes establecen es acotado. En el taller  se intenta  que el rasgo singular de cada quien haga lazo con la creación y con los otros.

Hay en los talleres una operación de producción. Nuestra tarea como coordinadores es pesquisar aquel rasgo que cada uno privilegia y le permite relacionarse con el mundo.

Un lugar para un hacer propio

A mediados del año 1998 una resolución da respuesta a la necesidad expresada por docentes, padres y alumnos de crear un espacio para aquellos jóvenes que quedaban sin lugar luego de haber finalizado su etapa en el Centes 1 y 2.

No se contaba dentro del sistema educativo público con un espacio de continuidad para estos jóvenes. El accionar de padres y docentes en representación de los jóvenes ha posibilitado que el pedido sea escuchado y advertido por las autoridades con la decisión de poner en marcha una institución que atendiera a la única diversidad que no tenía propuestas oficiales. Así es como comienza a funcionar los “Talleres para adolescentes con trastornos emocionales severos” en la sede del Centes 2, turno vespertino.

Trabajamos con jóvenes que presentan graves dificultades en la estructuración de su subjetividad. Algunos con diagnósticos tempranos de autismo y psicosis que hoy se encuentran estabilizados y otros con desencadenamientos en la adolescencia.

Admisión

Este proceso se realiza en varios encuentros, con otros, en un hacer conjunto, con el objetivo de poder establecer un recorrido propio, subjetivo, que pueda ubicar a nuestro centro como un lugar posible u orientar hacia otra institución que pueda alojar esa singularidad.

En otras palabras, lo que se admite es la posibilidad de apertura de esa dimensión subjetiva. Se orientará a la búsqueda de un detalle, que permita encontrar la modalidad particular, que ese sujeto encontró para un hacer propio y para establecer un lazo social posible.

En el encuentro cotidiano con los jóvenes observamos algunos modos de funcionamiento que tienden a repetirse:

  • al intercambiar sus experiencias en la Asamblea aparece un continuo indiferenciado; soledad, repetición de sucesos relatados, escasa posibilidad de alojar la contingencia, falta de organizadores.
  • todos  necesitan de  lo que se repite, eso les da seguridad, evitan lo que pueda encerrar algún misterio, algo que los pueda sorprender, aquello para lo que probablemente  no tengan respuesta, los encuentre sin recursos.
  • realizan pocas salidas y actividades por fuera del C.E.N.T.E.S. Que los excluye del intercambio social.
  • falta de  inclusión en actividades que les brinden la posibilidad de “nombrarse como” “siendo para”, falta de representación en el discurso.
  • algunos  expresan deseos de bailar,  conocer  gente, pasear, divertirse, salir de la “rutina”, reírse, hacer chistes. Todos  necesitan ser nombrados,  reconocerse y ser reconocidos por otros en una producción que los represente.

Lo innovador de la práctica

El centro promueve la participación en un cierto número de actividades, dentro y fuera de la institución, en situaciones en donde los sujetos estén en contacto, en la medida de lo posible con las ventajas pero también con las obligaciones de la vida social.

El dispositivo de taller funciona como regulador, ordenador espacio- tiempo. Se intenta introducir una escanción o un intervalo en ese continuum, indiferenciado, sin límite que supone lo crónico; entendiendo lo crónico como  lo atemporal. En este sentido apostamos, en lo talleres y con nuestra presencia, a instaurar una diferencia en ese tiempo eterno de la “cronicidad”. Estos jóvenes se mueven en una realidad que no está delimitada; la existencia de varios espacios en acto- distintos talleres- apunta a crear algún tipo de delimitación allí donde no la hay. El espacio instituido dibuja los días y las horas, personas que se destacan porque están a cargo de los talleres y tienen sus particularidades que los afectan y cuestiones de funcionamiento que le dan una impronta particular.

El taller es un espacio delimitado con tiempo, reglas y normas. Hay en el espacio de taller algún tipo de legalidad, que pretende acotar   ciertas actuaciones que al joven se le imponen más allá de su voluntad. Hay que tener en cuenta que esas reglas son flexibles y que en el taller se va encontrando el modo de trabajar. Además, estos espacios se inscriben en un tipo de legalidad institucional. Si bien las leyes y reglas de una institución no son equivalentes a la ley simbólica; el sujeto psicótico recurre muchas veces a esas instancias institucionales de la ley para hacer frente a la otra Ley que no hay. Y en esos intentos, en esas idas y vueltas se apuesta a que algo se vaya inscribiendo.

La búsqueda de aquello que convoque a un hacer que les permita a los jóvenes una posibilidad de estar con otros se muestra como la actividad fundamental de la institución.

Son espacios colectivos. Se trata de diferenciar el espacio público del privado o íntimo. Esta diferenciación no está dada de antemano. No hay intimidad estrictamente hablando y hay que producirla; introduciendo la dimensión de lo público, donde hay otros y se trabaja en un colectivo versus un espacio donde empiece a aparecer algo de lo íntimo.

Los talleres ofrecen la posibilidad del intercambio. Como señalamos anteriormente, el lazo social que estos jóvenes establecen es acotado o muy complicado. En el taller  se intenta  que el rasgo singular de cada quien haga lazo con la creación y con  los otros.

Hay en los talleres una operación de producción: objetos que se introducen en un circuito como por ejemplo, la producción de pizzetas que está además regulado por un pago.

Esta producción los representa en el intercambio, en ella se reconocen y son reconocidos por otros.

Los talleres tienen efectos sobre cada uno de los participantes en su singularidad por un lado y en el colectivo. Nuestra tarea, como coordinadores- participantes del taller, es pesquisar lo propio, aquel rasgo que cada uno privilegia y le permite relacionarse con el mundo. Hay un hacer propio a producir en el taller; por eso decimos que se trata de esa tensión entre lo singular y lo colectivo. En los talleres la apuesta es al sujeto. Cada taller en su particularidad ofrece un espacio para que el sujeto despliegue su decir, su saber- hacer, y eso es alojado. El taller propone escenas que otorgan significación a las producciones del joven. Ofrece la posibilidad de elegir  y de implicarse en esa elección (quiero ir o no, me gusta esta música o la  otra, navego por Internet o juego, colores, etc) y de poner estas elecciones en interjuego con otros. En el taller, podríamos decir entonces, que hay una enseñanza en juego; pero una enseñanza que subvierte el orden habitual sobre quién y qué se enseña. Se intenta propiciar que la singularidad del sujeto se despliegue y se ponga a trabajar con su sufrimiento, inventando un saber- hacer posible.

Pretendemos aportar al adolescente algo de alivio a su problemática emocional, la posibilidad de inscripción de su nombre en un producto propio o en una producción colectiva que le permita reconocerse y mostrarse al otro. Tras esta búsqueda intentamos estimular toda producción a través de nuestros talleres y actividades estético-expresivas: plástica, Ed. Física, música, teatro; donde puedan expresar y concretar su mundo a través de distintos lenguajes. También se promueve el desarrollo de ciertas habilidades con la consistencia de un oficio a través de talleres de fotocopiado, artesanal y cocina.

El taller de actualidad se presenta como un lugar activo, convocante, donde se ofrece una lectura de la realidad a través del recorte que propone el diario “acompañando” a los jóvenes en en el proceso de apropiación de los recursos de la cultura. A su vez la lectura dará lugar a intervenciones personales, que serán puestas en circulación en el grupo, intentando que esto singular haga lazo, y en el encuentro con el otro, algo haga diferencia. En el lugar de la nulidad, del no poder, del no inventar, del no construir, el docente será soporte de una producción.

Trabajamos también en articulación con distintos centros educativos y en la Escuela 29 de La Boca a la que concurren aquellos jóvenes con posibilidades de terminar su escolaridad primaria.

Consideramos los egresos como un proceso, pensando en lo que esto habilita, como un principio más que un final. En este proceso cuidado buscamos instituciones que alojen la singularidad de cada joven. Acompañamos a la familia en este cambio que en general produce muchas ansiedades. Por otro lado, es importante destacar que nos encontramos con la imposibilidad de conseguir pasantías laborales, ya que estas están destinadas a las escuelas de formación laboral, condicionando la oferta de vacantes.

Hemos realizado desde nuestra mirada un recorrido por los diferentes espacios que comenzamos definiendo como posibilitadores para que los jóvenes pongan en marcha sus recursos. Atentos a encontrar pequeñas invenciones que posibiliten un lazo con el otro que dibujen un borde entre el afuera y el adentro.

En nuestro trabajo buscamos tender puentes, redes, hacia afuera, en la búsqueda de instituciones que, tanto en el presente como en el futuro, puedan alojar a estos jóvenes como sujetos únicos, ciudadanos con derechos.

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