De límites

Título del trabajo: De límites, lupas y horizontes.

Autoras: MAFFASSANTI, Gabriela; PONCE, Belén.

Institución: Escuela de Educación Especial y Formación Laboral Nº 1, D.E. 8º

 

Resumen: La intención de este proyecto es generar desde el gabinete social un encuentro entre familia y escuela que le brinde a cada ámbito la posibilidad de hacer manifiestas sus expectativas, miedos, necesidades, deseos, con el objetivo primordial de favorecer el trayecto educativo de los niños que ingresan o asisten a nuestra escuela.

 

Primeros pasos…

Básicamente la idea es establecer un contacto diferente con los papás desde el inicio del año.

En la primera reunión previa al comienzo de clases se les propuso realizar una visita a la casa de cada uno con las maestras del grupo y la trabajadora social.

La visita se pactó  según conveniencias de horario y días de cada familia.

Una vez ahí las actividades tienen que ver con movilizar, generar un cambio de actitud, promover acciones de conjunto. Proponernos objetivos desde la familia y desde la escuela. Qué espera la familia de nosotros y qué esperamos de los papás. Qué expectativas tienen, qué actividades de las que hacemos en la escuela favorecen lo que sucede en la casa y cuáles son las costumbres, lenguajes, que nos ayudan a nosotros a comunicarnos mejor con nuestros alumnos. ¿Qué espacios comparten? ¿Qué quieren compartir de su historia? ¿Qué saben ellos de nosotros?

Para la escuela y en especial para el maestro entrar a la realidad social y contexto habitacional de cada alumno nos coloca en la fascinante posibilidad de encontrar  las líneas de acción tendientes a equilibrar y/o compensar las condiciones que ese niño o niña en particular necesita para atravesar el proceso de enseñanza y  de aprendizaje.

Muchas veces planificar actividades y brindar orientaciones para ayudar a las familias a ayudar a sus hijos se nos hace difícil. Conocer y meternos en el mundo de esa familia, un ratito, abiertos a la multiculturalidad que nos completa con el otro, nos permitirá seguramente ganar en confianza hacia nosotros mismos y en los demás. Hacer aportes más ricos y acuerdos ganados en el vínculo que crece en favor de los niños. Es un camino de inicio a futuras estrategias que irán surgiendo, además contribuye a enfrentar nuestros prejuicios y los de los demás. El desafió es quebrar barreras que todos sabemos que tenemos pero que muchas veces se nos hacen difíciles de ver.

Las teorías de la comunicación nos acercan esta técnica del mapeo comunicacional, que nos ayuda a llevar adelante nuestro proyecto, aún en proceso.

Los especialistas en comunicación comunitaria arman planes de comunicación en el momento de diseñar  diferentes tipos de campañas.

Ximena Tordini del Colectivo La Tribu, nos dice: “Cuando hablamos con alguien, sabemos que ese “alguien” tiene determinadas características, habla de cierta manera, tiene preferencias. Sólo si conocemos a las personas con las que queremos hablar, lograremos comunicarnos con ellas.”

Como lo señalan Eduardo Balán y Diego Jaimes: “Se trata de partir, en las acciones de comunicación, no exclusivamente de lo que queremos “decir”, sino de cómo pueden encontrarse en un diálogo con nosotros aquellos con los cuales nos queremos involucrar en la creación de lo que se va diciendo. Implica el esfuerzo inicial de imaginarlos, ver los lugares por donde circulan, se concentran, se reúnen y recién entonces crear tanto las formas de impacto y de la información y sobre todo las de reflexión y acción conjuntas.”

Es a partir de conocer a nuestros futuros interlocutores que podremos definir los lenguajes más adecuados para relacionarnos. Porque en cada una de nuestras prácticas se pone en juego la concepción que tenemos de la comunicación que también implica una concepción sobre los sujetos, sobre la sociedad y sobre las posibilidades que nos da la comunicación de trasformar ciertos escenarios, ciertas realidades.

La escuela depende profundamente de sus mecanismos comunicacionales. Entre sus miembros, con  los alumnos, con los padres y con la comunidad. Nuestras prácticas escolares despliegan lenguajes, sentidos, concepciones que de vez en cuando es necesario interpelar.

El objetivo primordial es favorecer el trayecto educativo de los niños y niñas que ingresan o asisten a nuestra escuela.

Acercarnos a los padres, hacerlos participar activamente en la educación de sus hijos es una parte importante de este proceso.

Advertimos rápidamente que era un gran desafío para todos y decidimos entonces, que era mejor acotarlo a aquellos papás que recién llegaban a nuestra institución.

 

Te invitamos a espiar un ratito…

Y de pronto ahí estábamos con la maestra Belén, frente al “elefante blanco”, algo así como el obelisco de la “Ciudad Oculta”, un punto geográfico que nadie puede desconocer si trabaja con niños de esa zona de nuestra ciudad.

J y su mamá nos estaban esperando. La alegría de J, su maestra la visitaba en su casa. Los vecinos nos iban saludando a nuestro paso. Ni bien entramos apareció en la puerta una amiguita de J, ella también quería conocernos. Descubrimos muchas cosas ese día, descubrimos la importancia que aun las familias dan a la escuela, a la maestra, a la posibilidad de verla sentada en su casa, de sentir que nos importa su historia. De los sacrificios que son capaces de hacer algunas familias por la salud de sus hijos. Aprendimos palabras en guaraní y  ahora ya sabemos que cuando J dice “pacová” es que ese día hay banana de postre, que le encanta tomar “cajeé” (mate dulce) con su abuela, y que quiere mucho a su “yesú” (mamá).

¡Qué contenta estaba la maestra.  Admito  que  como trabajadora social tenía un poco de temor por ella, porque yo sí elegí las dos cosas, ser maestra y andar por los barrios.  Pero la maestra no y ahí estaba, conmovida sin parar  de hablar.

Unos días más tarde, nuevamente en el “elefante blanco” nos esperaba esta vez el papá de M.  Caminamos con él por las calles que  nos llevaban a su casa. Montañas de basura en las esquinas, perros raquíticos, carros, autos, la cancha de fútbol, rejas, muchas rejas.

En la casa de M., otra vez la alegría, el mate, las sillas que no alcanzan, y  una vecina que auxilia con unos bancos. La única ventana de la casa, chiquita y enrejada con alambre, deja llegar algo de luz, nos sentamos, conversamos. M, no para de comer galletitas, está contento, le convida a su hermanita que gatea y  se trepa para agarrar más. Nos cuentan, que les costó aceptar que su hijo estuviera en una escuela especial, pero ahora  lo más importante para ellos es que M,  hable un poco más, que se le entienda mejor.

Todavía resuenan en mi cabeza las primeras palabras de Belén al salir… “ahora entiendo por qué sale del salón corriendo desesperado… no tiene espacio”… “voy a tener que planificar más actividades en el patio”. Y seguramente no son los únicos velos que cayeron ese día. Para todos fue una experiencia provocadora, movilizadora. Provocó  impotencia,  provocó  la reflexión, a generar una propuesta educativa que “agrande” los horizontes de M. Movilizó sentimientos, estalló opiniones, prejuicios. Nos desafía a  continuar buscando, a bucear en los libros, en las personas que respetamos y seguimos, a releer las propuestas olvidadas, a compartir, a refugiarnos en Freire, en el maestro Iglesias… tan sólo para entender, para intuir por dónde seguir, para sentirse acompañado.

Es una propuesta que requiere de acuerdos fuertes, de mucho respeto, de paciencia y de la aceptación del límite de los otros y de los nuestros.

Es este primer año, no todo salió como esperábamos,  hacen faltan ajustes, tiempo de intercambio, trabajo en equipo, dejar de lado las anécdotas. Lo importante es que aún transcurre… sigamos viendo qué nos pasa.

 

El  relato docente. Aprendiendo fuera del aula

A comienzos del ciclo lectivo 2010 fui designada docente del grupo de niños más pequeños de la escuela, y me propusieron participar en un proyecto nuevo para la institución: visitaríamos a las familias y a los alumnos en sus casas.  Desde un principio me pareció una buena propuesta, ya que sentí que me  brindaba la posibilidad de acercarnos -a todos los que componemos la cotidiana escolaridad de los niños- al verdadero contexto en el que viven.

Creo que para todos era  algo novedoso.

La mamá, embarazada de 5 meses, y J nos esperaron a fines de marzo en la parada del micro que trae a la pequeña a diario a la escuela. Caminamos por algunas cuadras, el mismo recorrido que ellos hacen la mayoría de las veces .Me llamó la atención que   todo era  precario, pero al acercarnos al hogar de J. en el Barrio Pirelli las casitas estaban construidas con ladrillos y material a diferencia del panorama que observamos  durante el trayecto previo.

Llegamos a la casa de J. Atravesamos una puerta de rejas, ingresamos a un pasillo y entramos al patio. Allí estaban la hermana y la vecina, quienes nos recibieron de  forma amable y súper agradable. Entramos en el pequeño comedor. Nos sentamos en un sillón, la mamá en una silla frente a nosotras y J en el medio, en una sillita de plástico.

Charlamos sobre la vida familiar, la mamá informó que su familia vive  lejos pero a veces viene la abuela de Paraguay a visitarlos. Durante su conversación nos enteramos que J es bilingüe: habla castellano y guaraní. Dicen que cuando se enoja insulta en guaraní, o que usa este lenguaje cuando las personas con las que dialoga lo utilizan.

Con respecto a J. la mamá manifiesta  temor  a “dejarla” en la escuela La  hermana en cambio dice que le gusta que J vaya a la escuela, porque la ve contenta, más conectada y  que cuenta muchas cosas.  En cuanto a las expectativas que tienen con respecto a la escolaridad de la niña coinciden en que es bueno que vaya  a la escuela, que esperan que aprenda cosas que le sirvan para crecer, y que además tengan momentos para estar en espacios propios. Además apuestan a la ayuda escolar  frente a los celos de J motivados por el pronto nacimiento del hermano.

La segunda experiencia que realizamos fue a la casa de M.

MC faltaba mucho a la escuela, no lo traían  pues su papá tenía un trabajo por la noche y no llegaba a horario o se quedaba dormido. Cuando logramos ponernos de acuerdo visitamos su casa.

Como en el caso de J, el papá- luego de una larga espera – nos buscó  en la parada del micro escolar para conducirnos al hogar.

Caminamos hasta la casa. Yo  sentí como es “internarse” en la villa, calles zigzagueantes, en ochavas y algunas sin  salida, sólo pienso que M realiza ese recorrido a diario, para lo que sea.  Esto aún  invade mis pensamientos.

Al arribar a la casa de M. el papá llama a la madre por la ventana para que nos abra. Nos cuenta que las puertas no tienen picaportes para evitar que ingresen extraños.

Entramos y M, está mirando la tele, con su hermanita de 1 año, y la mamá prepara  mate. Ofrecemos las  galletitas que llevamos para compartir  y los niños vienen inmediatamente a la mesa, a comer.

El lugar que habitan es  muy pequeño: hay  una mesa pegada a la pared, debajo de la ventana, sólo 3 sillas, una heladera y sobre la misma la tele.

Hablamos sobre la familia. y el papá de M habla sin parar, da escasas  posibilidades de intercambio a la mamá.

M tiene 4 hermanos, 3 mayores y la bebé. Conocemos a todos los niños por fotos anuales del colegio que la madre nos acerca. Nos muestran la casa, de condiciones muy precarias, son 7 personas en 5x4m2, tanto el baño como la cocina son mínimos

La mamá manifiesta su deseo de  trabajar, pero su marido no se lo permite; él quiere que ella esté en casa. La mamá argumenta que estarían un poco mejor con un ingreso mayor. Mientras la conversación se va dando, M juega conmigo en la mesa.

A la hora de irnos, M llorisquea porque nos quiere acompañar, durante todo el camino va de mi mano, contento.

Se me vienen miles de cosas a la cabeza. Esta experiencia fue súper favorable para los chicos, para las familias y para mí, cubrió mis expectativas:

  • La asistencia de los alumnos se tornó regular, y esta continuidad nos dio la posibilidad fortalecer los vínculos afectivos
  • El trabajo  sobre los contenidos propuestos contextualizados optimizó la labor pedagógica.
  • La comunicación con las familias se volvió regular y fluida, el cuaderno de comunicaciones se utilizó al máximo y las llamadas por teléfono para informar cambios desde las casas sobre todo `por que viajan en transporte escolar” fue de uso cotidiano.
  • La visita generó confianza mutua,  una comunicación verdadera y útil.
  • Hoy, estás son las familias con las que estamos  en permanente contacto y al tanto de lo que sucede en las casas, factor que facilita y favorece el trabajo que hacemos en el aula. Recurren a nosotros frente a necesidades muy específicas y manifiestan sus inquietudes acerca de los chicos, y sobre los cambios que notan.

Esta confianza lograda en el ámbito de los adultos fue sumamente positiva para los chicos. Nos pudimos vincular desde un saber efectivo y afectivo lo que operó favorablemente en sus desempeños escolares

Personalmente conocer la realidad de los chicos, leer sus hábitat me sirvió para fortalecerme como docente  , para identificar con más precisión sus necesidades, para poder  acompañarlos en los diferentes  procesos que  se fueron dando en sus vidas, para saber qué pedir y qué no.

Estoy contenta y satisfecha con lo realizado, me hubiera gustado llegar con esta experiencia a todas las familias del grupo, que todas hubieran querido participar. Ver a los alumnos y ver como Fuimos evolucionando durante el ciclo lectivo 2010 me alienta a seguir  trabajando en equipo.

 

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