La música como espacio

Título del trabajo: La música como espacio de salud en el ámbito escolar.

Autores: MÉREGA, Almida; RUIZ, Gustavo; RUPAR, Silvia; ZUASNABAR, Diego.

Institución: Escuela Domiciliaria Nº 1, D.E. 12; Escuela Domiciliaria Nº 2, D.E. 12º.

 

Resumen: La música como recurso puede ser utilizada para modificar el estado de ánimo de un sujeto y producir diversos efectos como crear y desarrollar diferentes formas de comunicación, vencer la inhibición y el aislamiento a través de una participación activa del sujeto (práctica y vivencia). A partir de este marco se desarrolló un taller musical al que asistieron alumnos que padecen cuadros oncológicos, enfermedades crónicas, trastornos emocionales y de riesgo social, implicando a niños que atraviesan procesos de corto, mediano y largo tratamiento.

En una primera etapa del año el taller se llevó a cabo en la sede escolar y los niños estuvieron acompañados por sus familiares (padres, abuelas en algunos casos). Se realizaron juegos musicales de coordinación, improvisaciones instrumentales y canto colectivo.

En una segunda etapa el taller musical, por cuestiones de índole institucional, tomó la modalidad de itinerante. El trabajo con canciones, cantadas colectivamente, la exploración de instrumentos musicales junto a las improvisaciones y los juegos, fueron conformando una identidad grupal.

Según el diccionario enciclopédico la música es un lenguaje artístico cuyo medio de expresión son los sonidos. La definición más consensuada y popular es la enunciada por Víctor de Rubertis: la música es el arte de combinar los sonidos según reglas establecidas.

En mayor o menor medida el hombre reconoce en la música, ya sea intuitivamente, empíricamente o por un real conocimiento, el valor intrínseco de la misma. En uno de sus tantos libros J. Alvin comenta que desde los tiempos más remotos se le atribuyen a ésta poderes mágicos, pues por la naturaleza impalpable e inmaterial del sonido es fácil referirla a las comunicaciones con el mundo sobrenatural e invisible.

Durante este año se realizó un taller musical perteneciente a las escuelas domiciliarias Nº 1 y Nº 2. Los alumnos que asistieron a los mismos padecen cuadros oncológicos, enfermedades crónicas, trastornos emocionales y de riesgo social, implicando a niños que atraviesan procesos de corto, mediano y largo tratamiento.

En una primera etapa del año el taller se llevó a cabo en la sede escolar y los niños estuvieron acompañados por sus familiares (padres, abuelas en algunos casos). Esto facilitó una interacción que permitió enriquecer el vínculo y jerarquizar el espacio pedagógico.

Algunas de las actividades realizadas fueron las siguientes: juegos musicales de coordinación, improvisaciones instrumentales y canto colectivo.

Con el devenir de los talleres se fue conformando una labor conjunta entre niños, familiares y docentes dando lugar luego de la observación y timidez iniciales a una verdadera tarea en equipo.

Citamos a Coriat (1996) “Cuando decimos sujetos hacemos referencia al sujeto en tanto sinónimo de aparato psíquico, al sujeto del inconsciente, al sujeto del deseo”. Aquí se evidencia que la actividad desde el taller musical convocó a los alumnos permitiendo que emergiera la creatividad, la risa, el juego.

El uso de la música, como experiencia que ofrece medios para un mejor crecimiento, maduración y desarrollo de la intención, la voluntad, la toma de conciencia, por parte del individuo de lo que éste puede hacer, de su cuerpo, de los movimientos, del espacio, de la relación espacio cuerpo, de él mismo y de los demás; se aplica tanto en la promoción, prevención, rehabilitación y recuperación de la salud.

La historia de la música siempre estuvo ligada a la del hombre, ya que ésta se fue modificando a la par del ser humano, más allá de todos los cambios que ha sufrido (la música como arte o magia; en distintos momentos históricos; o distintas culturas), hay algo que ni siquiera el paso de los años ha cambiado: la música como medio de expresión y relación.

Los componentes de la música aparecen vinculados al cuerpo:

El ritmo, concebido como movimiento ordenado, tiene una influencia directa sobre el cuerpo, la respiración, los latidos del corazón (funciones neurovegetativas), las perturbaciones espacio-temporales, la dislexia, etc. La ciencia nos dice que el ritmo musical tiene una acción definida sobre el bulbo raquídeo, intermediario entre la médula espinal y el cerebro.

La melodía alcanza el campo de la afectividad, las reacciones de orden afectivo, al igual que las funciones neurovegetativas, actúan a nivel diencefálico (hipófisis, tálamo, hipotálamo, etc.). El sonido posee un poder además de fisiológico, puramente físico, pues se puede también por la naturaleza de la vibración sonora, influir sobre los centros auditivos y remediar problemas vocales, el tartamudeo, pérdida de la voz, irregularidades en el registro vocal, etc. No hay que perder de vista que el sonido es un elemento pre-musical, que la vibración física es la base material de la música y que su belleza es tributaria de leyes físicas. Puede actuar también en forma de acorde, es decir, de la simultaneidad consonante o no, de varios sonidos.-

La armonía basada en el sonido, el ritmo y la melodía implica un triple poder: sensorial, afectivo y mental.

El taller está conformado por docentes músicos ejecutantes de guitarra, piano, flauta traversa, quienes conforman un ensamble musical. Se trabajó con regiones geográfico/musicales, donde cada alumnos/familia comentaron acerca de la música, los bailes y las costumbres características su zona, compartiendo la interpretación de diversos ritmos, géneros musicales de nuestro país. Durante la primera etapa del taller en sede asistieron varios alumnos residentes en el interior del país, que debieron trasladarse a Buenos Aires a con motivo de los tratamientos/controles médicos. El taller se enriqueció con las experiencias de cada uno, pudiendo ubicar algunas de las especies folklóricas características: zamba, chamamé, chacarera, tango.

El lenguaje musical habla de cosas del propio cuerpo, de las emociones.

Podríamos decir también que la música da la posibilidad de expresar sentimientos de una manera socialmente aceptable y al mismo tiempo estética.

El valor terapéutico de la música no reside en la calidad de las ejecuciones, solo importa que la música represente al sujeto.

Para que alguien pueda expresarse no es necesario ser un virtuoso ni mucho menos. Todos podemos hacer música. Lo simple puede ser y es bello y profundo si viene del alma. Nuestro trabajo es siempre a partir del otro, de lo que da, de lo que trae. Esta fue la idea rectora de los diferentes encuentros: desde los docentes llevando propuestas de juegos musicales que impliquen una coordinación vocal y corporal donde era necesario situar al cuerpo en movimiento y ejecutando diversas acciones, en canciones acumulativas, por ejemplo. La invitación se extendía a los niños, acompañados de sus familiares, quienes paulatinamente se iban incorporando a la tarea, animándose a jugar. Es en el juego, y solo en él, el niño y el adulto se muestran creadores y hacen uso de toda su personalidad. Además es posible la comunicación.

Además de permitirse jugar, estas actividades repercutían en lo vincular, estableciéndose una confianza que resultó fundamental para el trabajo de los sucesivos talleres.

En una segunda etapa el taller musical, por cuestiones de índole institucional, tomó la modalidad de itinerante. Fue recorriendo hogares de ambas escuelas donde la problemática no estaba tanto en la enfermedad sino en cuestiones sociales, relacionadas al abandono, abusos, situaciones de calle.

Aquí era indispensable entablar un vínculo inicial con los chicos, despertar las ganas, algún disparador que permitiera desarrollar las actividades propias del taller.

Sostiene Esteban Levin (2003) que el deseo es el primer orientador metodológico al trabajar. Es una orientación, un principio de movimiento, dirigido hacia alguna cosa, el movimiento hacia un punto en el cual no se está.

Es pertinente el concepto de resiliencia, es decir la “adaptación positiva del individuo que está expuesto a una situación adversa”. Muchos de los niños vivían en la calle antes de ingresar al hogar, sin embargo pudieron desarrollar una adaptación resiliente, junto a sus pares, siempre y cuando el ambiente provea los recursos necesarios para que el niño pueda seguir adaptándose positivamente durante las diferentes etapas del desarrollo, puede decirse que la resiliencia se mantendrá como una característica durante las diversas etapas de la vida.

El trabajo con canciones, cantadas colectivamente, la exploración de instrumentos musicales junto a las improvisaciones y los juegos, fueron conformando una identidad grupal.

La música como recurso puede ser utilizada para:

• Modificar el estado de ánimo de un sujeto y producir diferentes efectos: sedantes, relajantes, movilizadotes, etc.

• Posibilitar la comunicación por medio de otros canales diferentes al comúnmente utilizado (el verbal), crear y desarrollar diferentes formas de comunicación, como por ejemplo, a través del gesto, del movimiento, del tacto, del sonido.

• Permitir la liberación de emociones, afectos e ideas; ¨ la descarga del yo interior”.

• Vencer la inhibición y el aislamiento a través de una participación activa del sujeto (práctica y vivencia). Esta participación activa, conduce a movilizar las energías”que nos permitirían la posibilidad de creatividad e improvisación, expresiones que se ven posibilitadas y favorecidas debido a un clima de distensión: clima de juego (lúdico).

Acordamos con Kenneth Bruscia (1997) en que en la Educación Musical  Especial, el profesor de Música debe utilizar técnicas adaptatorias o compensatorias para facilitar y maximizar el aprendizaje musical de los alumnos en un encuadre tan particular como es el nuestro: domicilios y hospitales.

Creemos en que la modalidad vincular que caracteriza a nuestro trabajo es fundamental. Hablamos de vínculo de confianza y hasta afectivo. Las relaciones que se establecen desde el afecto, el respeto y la cordialidad son la base para la adquisición de múltiples aprendizajes y capacidades. Si no hay vínculo, no hay aprendizaje.

Algunos de los objetivos que se observaron en ambos talleres son los siguientes:

–  Propiciar la expresividad oral y corporal.

–  Ejercitar la coordinación audio-motriz.

–  Lograr la escucha, producción y creación de ritmos.

–  Conocer y reconocer instrumentos.

–  Estimular la imaginación.

–  Propiciar vivencias placenteras en las experiencias musicales.

–  Favorecer el descubrimiento de que cada niño puede ser en las producciones “el hacedor”.

–  Propiciar que el niño vivencie que las experiencias musicales son un medio más de comunicación, funcionando él no sólo como receptor, sino también como transmisor, o sea que las experiencias musicales sean otro medio en el que él intente escuchar, escucharse y ser escuchado.

–  Permitir que el niño descubra que se puede hacer música sin los elementos convencionales, utilizando elementos sonoros de la vida cotidiana, de la naturaleza y hasta del propio cuerpo.

Los encuentros musicales se encargaron de brindar un espacio propicio para la expresión de todas las conflictivas emocionales que los alumnos puedan tener, a partir de las limitaciones que sus condicionamientos les imponen y características personales de cada sujeto, características que se ven ligadas a la historia personal de cada uno.

A modo de cierre, somos conscientes de que nuestra actividad cumple en sí misma una función terapéutica, sin descuidar por ello, el encuadre pedagógico.

 

Bibliografía

 

  • Benenzon, Rolando: Musicoterapia y Educación, 1999.
  • Bruscia, Kenneth: Definiendo Musicoterapia, Salamanca, Amarú Ediciones, 1997
  • Coriat, Elsa: El psicoanálisis en la clínica de bebés y niños pequeños. Ed de la Campana, 1996.
  • Levin, Esteban: Discapacidad, Clínica y educación. Los niños del otro espejo. Nueva Visión. 2003
  • Mellilo, Aldo: “Resiliencia, descubriendo las propias fortalezas” Ed Paidós, 2001.

 

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